Las claves ocultas de la enigmática Capital del Santo Reino.

Por José Torres Fernández.

 

 

 

 

La ciudad de Jaén, infravalorada por propios y extraños, se presenta  en cambio como uno de los lugares más misteriosos de Andalucía y España. Otra realidad paralela a la conocida y aceptada se deja entrever en muchas de sus historias, tradiciones y leyendas.

 

Es bien conocida la leyenda del lagarto de la Magdalena, que se cobijaba en la cueva de la fuente de la Magdalena atemorizando a la población y que muere, reventando, por la pericia de un preso liberado, un pastor o un caballero con traje de espejos. Se está haciendo también conocido que en realidad esta leyenda es la versión jiennense del dragón vencido por el héroe, que se suele considerar medieval pero que tiene sus raíces como poco en la época de la antigua Grecia. Se le ha querido dar una explicación más histórica que esotérica diciendo que es la imposición hace milenios de los cultos patriarcales, representados por el héroe, sobre los matriarcales, simbolizados por el dragón.

 

Pero sin dudar que esto fue cierto, hay que tener en cuenta que la leyendas draconianas, incluida la de Jaén, tienen elementos esotéricos bien conocidos que de forma resumida significarían lo siguiente: el dragón, es decir, la gran serpiente, es el elemento femenino, son las fuerzas telúricas, es decir, terrestres, que proporcionan vida, fertilidad y que guardan un conocimiento importante; el héroe es solar, masculino, que debe adquirir el conocimiento que protege el dragón y para ello debe vencerlo. Esta leyenda, con estas connotaciones, se difundió mucho en la Edad Media, pero ya antes los antiguos griegos la escenificaron perfectamente con uno de los mitos incluidos en los trabajos de su héroe por excelencia, Heracles – Hércules; en él, Heracles, buscando el conocimiento que da la inmortalidad, consigue robar las manzanas doradas del árbol sagrado del jardín de las tres hermanas Hespérides, y para ello, en la versión más extendida, mata al dragón que protege ese árbol de las manzanas de oro. Y los más importantes mitos griegos tienen su representación en el cielo; en este caso, Zeus, el dios supremo, elevó u homenajeó al dragón, que había muerto defendiendo al árbol del conocimiento, con las estrellas que forman la constelación del Dragón.

 

La astroarqueología, incorporada por fin a la investigación científica pero todavía con ciertas reticencias, está haciendo que se admita la enorme importancia que nuestros antepasados daban al cielo y sus astros dentro de su concepción de la religión y la espiritualidad, pero no solo en lo teórico o abstracto sino también en lo concreto, de tal forman que orientaban sus edificios sagrados, según el significado que se le quisiera dar, a las salidas del Sol, o de la Luna, o de un planeta o estrella significativa, o un conjunto de templos imitando en la tierra a una constelación destacada.

 

Si localizamos en un plano de Jaén los lugares que ocupan los principales templos del casco antiguo y los observamos en conjunto se comprueba que forman una curiosa figura en la que muy pocas y pequeñas variaciones son posibles y que resulta ser el dibujo de la constelación del Dragón. En una ciudad como Jaén en la que tan presente está desde tiempos inmemoriales la leyenda del lagarto – dragón parece que se imita extraordinariamente la constelación del Dragón, precisamente la del mito de la lucha del héroe con el monstruo. Los edificios implicados son la capilla de Santa Catalina (en el castillo), la iglesia de la Magdalena, el convento de Santo Domingo (dedicado a Santa Catalina), la iglesia y capilla de San Andrés, la iglesia de San Bartolomé, el Arco de San Lorenzo, la iglesia de la Merced y  la Catedral, que sería la cabeza del dragón. Y esto, lo de la correlación estelar, en esoterismo, es aplicación de un precepto hermético, es un conocimiento básico para comprender la creación: como es arriba en el cielo, es abajo en la tierra; de tal forma que lo que se simboliza al disponer los templos de esa manera especial es que la tierra es un espejo del cielo.

 

Partiendo de esto toman mayor sentido ciertos misterios destacados de la ciudad. Que la Virgen de la Capilla con un cortejo celestial se apareciera en 1430 yendo desde la catedral hasta la, por entonces, capilla de San Ildefonso, en donde se sentó en majestad con el Niño, es, si lo vemos en un plano, que la Virgen salió de la cabeza del dragón y se situó por encima de él, en San Ildefonso, donde la leyenda dice que el lagarto reventó, justo en la situación que en el cielo tiene la constelación de Hércules, el que mata al dragón, con lo que se nos está indicando que la Virgen María vence al dragón, la serpiente, el demonio según el cristianismo. Y todo esto concuerda perfectamente con el extraño escudo de la Catedral, en el que un monte rodeado de murallas, representando a la ciudad, tiene encima como protegiéndola un dragón, y sobre él la Virgen con el Niño sentada en un trono al igual que la Virgen de la Capilla. Se puede decir que el escudo de la catedral informa de la extraordinaria configuración sagrada de sus templos y su esotérico significado.

 

Hay que tener en cuenta que las amplias características que se le asignan a la Virgen María son resultado del sincretismo religioso con la Diosa Madre pagana y grecorromana. Esta Diosa Madre ha sido representada desde la antigüedad como un ave palmípeda, normalmente una oca, que lucha con la serpiente, en una dualidad femenina en la que el ave quiere dar conocimiento y vida, y la serpiente ocultarla y protegerla. Justo lo que se representa en la conocida “fuente del pato”, en el centro del casco antiguo de Jaén, y que es de significado similar a lo que el escudo de la catedral muestra. Pero es que hasta Santa Catalina, patrona de Jaén junto a la Virgen de la Capilla, no es otra cosa que la cristianización de la poderosa y sabia diosa triple Hécate, constituida por las diosas griegas Perséfone, Artemisa y Selene; Santa Catalina es entonces heredera de los atributos de poder y sabiduría de esta oscura y, a la vez, luminosa diosa que une el mundo material con el espiritual. Y en cuanto a las tríadas femeninas es curioso que en Jaén exista la popular cancioncilla medieval de las tres morillas (Aixa, Fátima y Marién), las tres bellas hermanas que iban a coger olivas y manzanas y las hallan cogidas, es decir, robadas. Esto es muy parecido a lo que cuenta el mito griego de las tres hermanas Hespérides (la triple diosa madre – Santa Catalina) a las que Hércules les roba los frutos dorados del árbol sagrado que protegía la serpiente – dragón.

 

Por si fuera poco para dar a Jaén un alcance mitológico, resulta que hace algo más de una década se hizo el hallazgo arqueológico de una gran ciudad de la Edad del Cobre, de hace unos 5.000 años, en la zona de Marroquíes Bajos (donde continuan las excavaciones y los estudios), con un diseño magnífico a base de grandes fosos circulares, algo único en el mundo y que recuerda mucho a la ciudad capital de la Atlántida que describiera Platón. Es muy posible que en un principio la mayor parte de la población viviera en esa zona más bien llana, a dónde llegaban numerosas aguas, y arriba, al pie del monte de Santa Catalina estarían los principales altares y templos, junto a los sagrados manantiales de agua de la actual Magdalena y de Santa María, que pasaba por donde ahora está la Catedral, lugar que pudo acoger un gran dolmen. Abajo, en el llano, una ciudad antiquísima al estilo atlante, es decir, de Atlas, el mítico rey que contaba entre sus hijas a las Hespérides, que vivían en el sagrado jardín de su padre guardando el árbol de las manzanas de oro junto al temible dragón, mito que precisamente parece ser representado arriba, en la ciudad junto al monte de Santa Catalina. Por mucho menos que esto otras ciudades presumen de un pasado esplendoroso, pero este Jaén, de aires mitológicos, esotéricos y mágicos (como atestigua su relación con la Mesa de Salomón), permanece callado y casi ignorante de su sorprendente pasado.

 

Estos datos y otros muchos más se describen ampliamente en el libro “El dragón de Jaén”, que hace ver a esta ciudad como un lugar  realmente especial y conectado sutilmente con los grandes enigmas de la Humanidad desde la más remota antigüedad.

 

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